Santo Domingo, República Dominicana, lunes 24 de junio, 2024

Por la democracia

En cada proceso electoral, los dominicanos nos jugamos el presente y futuro de nuestra democracia.

Y en la forma que va desarrollándose el proceso de elecciones de 2024, podemos llevar tranquilidad y seguridad de que vamos por muy buen camino.

La organización y el resultado de las elecciones municipales del 18 de febrero -el primer tramo del proceso eleccionario de 2024-, fueron más que satisfactorios y, pese a algunos ‘zapateos’ y ‘pataleos’ propios de grupos derrotados, la comunidad nacional, los poderes facticos, la sociedad en sentido general y los observadores de la comunidad internacional, le han dado muy buenas calificaciones.

La Junta Central Electoral  ha ido ‘tapando’ los posibles ‘huecos’ que pudieran provocar controversia y/o empañar en alguno que otro punto, el proceso de campaña que nos encamina hacia las votaciones, el 19 de mayo.

La oposición luce aguerrida. Dispuesta a mantener encendida la llama de la denuncia de cualquier resquisio que entienda vulnera sus ‘derechos’ a la igualdad frente al oficialismo, de ‘respeto irrestricto’ a la ley, de ‘transparencia’ en las ejecutorias de las autoridades electorales.

Y la Junta ha respondido, uno por uno sus reclamos y procura, en los casos que obedezcan a realidades, a despejar las ojerizas que pudieran levantarse.

Los nubarrones que se forman en el horizonte en los procesos electorales dominicanos no son extraños y podría decirse, son parte del mismo entramado que conforma los comicios.

Lo más importante es que la volundad y decisión expresada y demostrada por las autoridades electorales lleve confianza a los principales actores de la sociedad nacional -autoridades y poderes facticos-, en que el proceso en que el país está inmerso avanza en un marco de transparencia, libertad, apertura y las garantías de que los derechos de la población son y serán respetados, en todo lo que vale, en el ejercicio de votación y los resultados.

La decisión de las mayorías debe, pues, imponerse y respetarse, tanto en el resultado del voto expresado en las urnas y su conteo, como decisión de esa voluntad de la sociedad. Lo demás es el tradicional ‘pataleo’,  la queja y los esfuerzos de ‘justificación’ de los derrotados.

La democracia, sin embargo, debe prevalecer y salir fortalecidad en este proceso eleccionario, por encima de todo y de todos.

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