Santo Domingo, República Dominicana, martes 5 de diciembre, 2023

La inmadurez contemporánea desayuda en las finanzas personales

Un día mi hijo mayor me explicó que en una tribu del África tenían una gran piedra en medio de la aldea. Los jóvenes que deseaban recibir el título de adultos debían saltar por encima de la misma. Con ello podían salir a cazar y demás actividades de hombres de esa comarca.

Esa prueba los graduaba en habilidades para traer el sustento a una futura casa.  Estaban certificados como proveedores.

En otras sociedades antiguas había otros rituales, como dejar al joven en el monte por una cantidad de días a ver si sobrevivía y lograba retornar solo a la casa.

En nuestros tiempos se aumenta cada día la edad de entrar en la madurez plena. Nos preparamos con estudios para ser proveedores, hoy no importa el género. La pregunta es, ¿cuándo comenzamos a serlo? No por tener ingresos de proveedores, lo somos.

En las sociedades siempre se ha usado el ingreso como una medida para lograr esa graduación. Con él se compra lo necesario para sobrevivir. Crear una familia ya es una opción.

En los tiempos que vivimos vemos cómo los jóvenes se gradúan, ya sea consiguiendo un trabajo o de la universidad, pero no saltan por encima de la piedra. Se quedan en lo que llamo el “hotel mamá”. En muchas ocasiones sin ningún tipo de responsabilidades.

La madurez tarda en llegar y las finanzas personales sufren una malformación.

Reciben dinero y aprenden a gastarlo en necesidades que no son prioritarias en la vida real. La sociedad les exige, dicen hoy. Sí, un teléfono de última generación, vehículo que les represente, salidas a lugares de moda, viajes, ropa de marcas específicas, etc.

Una vez iniciado ese camino se hace complejo cambiar al modo realidad. Donde hay que pagar vivienda, servicios básicos, comidas, ahorrar, etc. ¿Qué hacen para poder adaptarse? Comienzan a usar el dinero que se ganarán.

Sí, no reducen gastos, sino que usan las tarjetas de crédito como si no tuvieran que pagarlas. Luego caen en consolidación de deudas y de ahí al estrés de no tener suficientes ingresos… lo que no es verdad. La realidad es que el gasto es lo que tienen que regular.

Estamos en un momento muy complejo para esa generación que han llamado milenial y para la siguiente, nombrada centenial. Lograr que entiendan a tiempo sobre la vida financiera real es un gran desafío.

Si combinamos esto con que han sido criados en la época de las recompensas y el inmediatismo vemos que es más complejo aún. “Si no hay sardina, no baila el león marino”, es su dogma.

Pero esto mismo nos puede ayudar a crear una programación para que se muevan a una vida financiera próspera. Que comprendan las grandes recompensas que tiene el sacarle el mayor y verdadero provecho al tan difícil ganado dinero será la solución, contando con que les gusta ver resultados inmediatos, de lo contrario, ni se interesarán.

Tenemos un gran reto por delante, y lamentablemente, no veo el movimiento necesario para que la mayoría tenga acceso a tan importante formación.

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