El escritor nicaragüense Sergio Ramírez es la última víctima de la campaña de represión que está llevando a cabo en su país el régimen de Daniel Ortega.
De acuerdo destacan cables internacionales, el Premio Cervantes de las Letras en 2017, Ramírez ha sido acusado de incitación al odio y de conspiración, cargos a menudo utilizados por la Fiscalía nicaragüense para detener y encarcelar a periodistas, a políticos opositores y a candidatos o aspirantes a la presidencia del país.
Hasta el momento, 36 han sido detenidos o enviados a juicio y siete de ellos habían anunciado su intención de concurrir a las elecciones de noviembre, en las que Ortega se juega su reelección para un quinto mandato, el cuarto consecutivo.
Ramírez, que fue vicepresidente con Ortega en la segunda mitad de los años ochenta, huyó de Nicaragua hace unos meses y ya ha anunciado que no piensa regresar para evitar represalias. Conoce bien al presidente y se distanció de él, apartándose del sandinismo, en los años noventa.
En medio de un aluvión de críticas de Gobiernos democráticos y organismos defensores de los derechos humanos, Daniel Ortega afirmó el pasado lunes que quienes están siendo detenidos son «terroristas», y calificó de «demonios con sotanas» a los curas y obispos que han condenado la represión. Todo es legal. Dominado por el sandinismo, el parlamento nicaragüense aprobó el pasado mes de diciembre una ley a la medida de lo que está ocurriendo.
Desde el exilio y a través de Facebook, Ramírez, que tiene setenta y nueve años, ha respondido así al exguerrillero al que un día, hace ya mucho tiempo, consideró su amigo:



