El sistema político-electoral dominicano, desde el inicio del proceso democrático post dictadura, 1961, nunca ha registrado luchas ideológicas, izquierda-derecha, por el ascenso al poder.
Bosch, el que más ‘cerca’ anduvo con su ‘socialismo’, en 1963, fue tipificado pro comunista por Estados Unidos para justificar su derrocamiento y aunque en 1975 se auto definió como ‘marxista, no leninista’, y a finales de los ’80 lanzó aquella tesis de ‘dictadura con respaldo popular’, nunca se presentó como candidato de izquierda. Debate ideológico que tampoco se produjo cuando el PRD, guiado por Peña Gómez, se abrazó a la Internacional Socialista, postulante mundial de la ideología de centro-izquierda.
Guzmán, Jorge Blanco, Hipólito fueron presidentes perredeístas exponentes de la centro-derecha, aunque no tanto como Balaguer.
Leonel y Danilo -el primero con notaciones de ciertos ideales socialistas y el segundo de formación izquierda extrema, la Línea Roja- gobernaron con un PLD de centro-derecha, sin tapujos pero con eufemismos, bajo la tutela de EEUU.
Abinader, en la centro-derecha, propugna por una democracia abrazada, sin rodeos, a las líneas de Estados Unidos.
De ahí la coherencia, sin titubeos, en apoyo al proyecto Trump denominado Escudo de las Américas, que ha reunido a una docena de gobernantes alineados con la derecha del hemisferio.Un compromiso político regional cónsono con las realidades que enfrentamos -protección de la frontera, lucha contra el narcotráfico, seguridad nacional y regional- y, más allá, por encima del populismo político, que aún sueña con revoluciones, represión y encierro al estilo cubano, que enarbola el izquierdismo rancio.
Creo entonces, firmemente, que la decisión de Abinader de unirse y dar su apoyo a esta coalición, es correcta, coherente, oportuna y lo que más conviene a República Dominicana.



