Santo Domingo, República Dominicana, jueves 21 de mayo, 2026

Hipocresía ante la realidad

La crisis económica del mundo, a consecuencias de la guerra en Oriente Próximo, es una realidad y la República Dominicana no está exenta de ella. Por el contrario, como una economía sujeta a los vaivenes económicos internacionales, en este caso específico por los precios del petróleo, sufrimos los embates de la controversia.

 

El presidente Luis Abinader a enunciado, en un discurso a la nación el domingo pasado, una serie de medidas a aplicarse en el país, para ‘torear’ la crisis, con el menos daño posible. Pero debemos estar conscientes de que no saldremos ilesos. Que tendremos que hacer sacrificios, reformular y/o posponer proyectos, planes, decisiones.

 

El que tengamos una economía en desarrollo progresivo, con estabilidad -pese a sus alzas y bajas, a sus sofocones- nos ayuda a enfrentar el mal tiempo sin sucumbir. Las reservas de los ingresos anuales de divisas -más de $46 mil millones de dólares en 2025- representan una relativa ‘tranquilidad’ en estado de incertidumbre que vive el mundo, y nosotros, en estos días.

 

Se oyen voces, sin embargo, de agudas críticas al Gobierno por haber hecho, o dejado de hacer, esto o aquello, pero sin aportar ideas ni soluciones. Solo criticar por criticar, algo propio de hipócritas.

 

Palos si bogas, palos si no bogas…

 

Esta situación que atravesamos, que apenas se ha iniciado pero que no sabemos como ni cuando concluirá, requiere del concurso de todos, porque todos sufriremos, de una u otra forma, de las consecuencias de la crisis.

 

Ahora, hay que esperar las medidas específicas del gobierno, porque lo que ha hecho el presidente es un enunciado de áreas que recibirían parte del impacto de la situación.

 

La experiencia que nos dejó la pandemia -salvando la magnitud de ese caso, que nos afectó a todos, al mundo, con un cierre total de todo y de todos-, siendo de los que menos lesionados salimos -aún con unos 4,400 muertos-, nos permite apostar a que tenemos las suficientes garras, experiencias, decisiones para enfrentar el impacto de esta crisis.

 

Apostemos a las decisiones oficiales, de Estado.

 

Apoyemos las medidas, como nación, como sociedad pujante y decidida, porque estoy convencido de que, como hemos hecho en la generalidad de adversidades en el pasado, seguiremos trillando el sendero del desarrollo, la estabilidad, el progreso, que con virtudes y defectos hemos logrado.

 

Las voces agoreras serán siempre eso, aves de mala suerte, y estarán ahí, seguirán ahí, propalando desastres, enseñando el refajo, reflejando el porque de sus propias desgracias.

 

 

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