Santo Domingo, República Dominicana, domingo 12 de julio, 2026

Más allá del “breaking news”

Mientras las redes teclean frenéticamente “lo último” o “breaking news “, los impresos, en cambio, deben funcionar en otra dimensión, olvidándose de que pueden competir con el cronómetro.

Lo aconsejable, en cambio, es que se esmeren en ofrecer “lo que importa” realmente a sus lectores: actuar más como narradores que como “noticieros”.

Como las redes viven de la velocidad, no del análisis, mi consejo a los colegas de redacción impresa es que entiendan desde ya que el término “actual” no es sinónimo de “de hoy”, sino de “vigente”.

Este cambio de concepto representa, para mí, el salto cualitativo que la industria del papel necesita para ordenar sus contenidos en función de lo que importa, no tanto de lo que pasó ayer pura y simplemente.

Si las redes reportaron hoy una subida del dólar, lo conveniente es que mañana expliquemos por qué subió y en qué medida puede generar desconfianza en el sistema cambiario o visualizar sus posibles impactos en la estabilidad del mercado.

Si hubo un gran incendio, nuestra crónica no debería quedarse en el hecho en sí, sino en ofrecer el retrato o la descripción del bombero que llegó primero o de cómo vivía la familia afectada por el siniestro.

Se puede arrancar con una anécdota, con un personaje, con una frase que enganche emocionalmente, que permita al lector quedar inmerso en el episodio como un testigo presencial del mismo.

¿Cuántas veces hemos leído “lo último” en las redes y a la mañana siguiente un diario impreso aparece repitiendo lo mismo?

El problema de fondo es que el periódico impreso, por inercia, siga llenando los espacios con el “qué pasó” cuando el 80% de la ciudad ya lo sabe porque lo vio en un reel de 15 segundos.

Debemos superar ese modelo ya desfasado porque ya no tiene sentido. Y porque no sirve.

Lo que nuestros lectores deben encontrar hoy es el ángulo caído, los detalles omitidos en la prisa del tecleo o el dato estadístico que nadie más tomó en cuenta.

Por eso insisto en el predicamento de que los impresos no están para informar “lo último”, sino para descubrir la noticia, en todos sus ángulos posibles.

La clave está en ofrecer, como dije la semana pasada en estas Reflexiones, “noticias que resistan la prueba del tiempo”.

Eso, en criollo, significa que el artículo que publiquemos el lunes conserve la misma fuerza si lo leen el próximo miércoles.

¿Cómo se logra? No dando datos duros, sino contexto blando y que cada espacio físico, por más reducido que esté en el formato tabloide, pese y valga tanto como una joya, no como un relleno.

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