Santo Domingo, República Dominicana, domingo 4 de diciembre, 2022

Haití en la encrucijada

Hace bastante tiempo Haití perdió la oportunidad de dar un viraje a sus situaciones de crisis. Está más que demostrado que a lo interno no hay posibilidad de solución a sus problemas que -sin exagerar-lucen interminables.

El estado haitiano colapsó, con todas sus instituciones. Y los ejemplos sobran.

Se hace cuesta arriba que los sectores haitianos más representativos puedan sacar a su país del caos. En estos tiempos, bandas fuertemente armadas han puesto en jaque a la población. A lo interno, estas han implantado su poder, por encima de todo.

El peligro está en que ninguna autoridad pone control. La policía allá luce en desventaja. Y la justicia ha demostrado ser inoperante, lo mismo que el poder legislativo.

La población en Haití está desprotegida en lo que se refiere a servicios básicos: educación, salud, agua potable, energía eléctrica, etc. República Dominicana, en mejores condiciones que sus vecinos, no puede asumir responsabilidad total de esa desgracia. Menos aún aceptando una ríada de migrantes.

Primer país de Latinoamérica en declarar su independencia, el 1 de enero de 1804, y segundo del continente americano, después de Estados Unidos. Haití acarrea en tiempos modernos el pesado lastre de ser el país más pobre del hemisferio.

Con todo y los inconvenientes que se suscitan, las terribles condiciones en que se desenvuelve la población más indefensa allá, una intervención extranjera no necesariamente debe ser la panacea. De ninguna manera.

¿De qué sirvieron los 17 años que se prolongó la presencia de la Minustah? Hay poco qué exhibir a favor de la sociedad haitiana.

Muy a pesar de ello, la ONU, la OEA, la Unión Europea o cualquier otro poder mundial deben dar una más certera respuesta para enderezar por mejores senderos la patria de Toussaint, Petión y Dessalines.

Es tiempo de pasar de las palabras a los hechos. Pero “intervención pacifista” es algo que huele a lo que había hace pocos años en Haití.

Por demás, una intervención militar al oeste de la isla podría dejar un trago amargo a uno y otro lado de la frontera. Es tema con muchos antecedentes negativos.

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