Santo Domingo, República Dominicana, martes 16 de junio, 2026

Simplemente María

María del Carmen Ureña. Un nombre común, que lo encarnaba, hasta la noche del viernes último, una mujer llena de vida, trabajadora, alegre, con una coquetería inocente y agradable que le caracterizaba, madre, compañera de labores de un grupo de fajadoras mujeres de la lucha honesta y decente, del día a día por abrirse paso en este país.

Luego de una jornada de trabajo de doce horas, María se encontró cara a cara, a metros de su casa, con un delincuente que pistola en mano trataba de arrebatarle la cartera donde llevaba un celular y unos pesos de las propinas ganadas ese día como manicurista. La resistencia por reacción natural a ser despojada violentamente de lo suyo, motivó al asesino a propinarle un balazo en la cabeza, a quemarropa, que terminó de un tirón, en un brutal y bárbaro segundo, con la vida de esta mujer.

María engrosa hoy las engañosas estadísticas con que las autoridades insisten en hacernos creer que la delincuencia violenta y asesina que nos azota –y que pretenden esconder- está ‘bajo control’ y disminuyendo. Una violencia callejera criminal que vemos a diario en los noticiarios de televisión, en videos que no dejan dudas, en relatos a borbotones en las reuniones de amigos, en salones de belleza, en sillones de barbería, en el seno de las familias.

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